Maíz, soja y girasol: una campaña gruesa condicionada por el clima

La campaña gruesa (maíz, soja y girasol) atraviesa un escenario complejo por la escasa disponibilidad de agua en los suelos, altas temperaturas y lluvias erráticas, lo que generó un desarrollo muy heterogéneo de los cultivos. Tras un 2025 excepcionalmente lluvioso, la abrupta caída de las precipitaciones a fin de año afectó especialmente las etapas críticas de crecimiento.

El maíz muestra recortes de rendimiento potencial, con estrés hídrico en planteos tempranos y emergencias desuniformes en los tardíos, según zona. La soja, en pleno período de alta demanda hídrica, registra abortos florales y depende fuertemente de lluvias en el corto plazo para sostener su rinde. El girasol presenta mejores perspectivas en siembras tempranas, mientras que los lotes tardíos son más vulnerables al déficit hídrico.

De persistir estas condiciones, se proyectan menores rindes y una reducción en la producción total, lo que impactará negativamente en el ingreso de divisas por exportaciones agrícolas. En consecuencia, el aporte de dólares al Estado podría verse recortado, afectando la recaudación fiscal y la disponibilidad de divisas en la economía, salvo que se registren lluvias significativas que permitan una recuperación parcial en los cultivos con fenología más atrasada.

Condición del maíz soja y girasol

El estado del maíz muestra diferencias marcadas según zona y fecha de siembra. En el norte y centro-este del área BCP, los planteos tardíos presentan una condición superior a los tempranos, ya que la floración de estos últimos coincidió con el período de mayores temperaturas, afectando su desempeño.

En el oeste y sur, la situación es inversa. Los maíces tardíos en general fueron implantados con escasa humedad edáfica, derivando en emergencias desuniformes, menor crecimiento inicial y un desarrollo radical limitado. No obstante, al no haber alcanzado aún la floración, mantienen margen de recuperación ante eventuales precipitaciones.

Por su parte, los planteos tempranos en estas zonas ya transitan etapas reproductivas (panojamiento), por lo que resultan más vulnerables a fallas de polinización en el actual contexto de restricción hídrica.

La soja atraviesa un período de elevada demanda hídrica. En algunos planteos de primera se registran abortos florales asociados al déficit de agua, mientras que en lotes de segunda la continuidad del ciclo depende de la ocurrencia de precipitaciones en el corto plazo, con riesgo de pérdidas en ausencia de recargas. Sin embargo, se trata de un cultivo con mayor plasticidad fisiológica y capacidad de compensación ante lluvias tardías, tal como se observó en la campaña previa, cuando las precipitaciones de fines de febrero y comienzos de marzo permitieron sostener el rendimiento en numerosos ambientes.

El girasol también muestra una marcada heterogeneidad según fecha de implantación y condiciones iniciales. Los planteos tempranos, establecidos con adecuada disponibilidad hídrica, lograron un buen desarrollo radicular, lo que les permite tolerar con mayor eficiencia la actual restricción de agua. En contraste, los lotes implantados más tarde, bajo un contexto ambiental menos favorable, presentan mayor vulnerabilidad.

Fuente BCP Bahía Blanca – https://www.bcp.org.ar/